Lo que la soledad le hace al cuerpo (y por qué conviene tomarla en serio)

De la tensión alta nos preocupamos. Del colesterol, también. De la soledad, en cambio, solemos decir aquello de «son cosas de la edad» y cambiar de tema. La ciencia lleva años diciendo otra cosa: la soledad no deseada mantenida en el tiempo afecta a la salud de forma medible, y los especialistas piden tratarla con la misma seriedad que otros factores de riesgo. No para asustar a nadie, sino para lo contrario: porque lo que se conoce, se puede prevenir.

Qué dicen los estudios

El retrato coincide en las principales investigaciones. En el plano emocional, el estudio del Observatorio Social de la Fundación «la Caixa», que entrevistó a más de 14.000 personas mayores, asocia la soledad no deseada con mayor presencia de depresión y ansiedad y con un deterioro del bienestar y la satisfacción con la vida. En el plano físico, los efectos son más terrenales de lo que uno imagina: repercute en la alimentación (cocinar para uno desanima), en el seguimiento de los tratamientos médicos, en los problemas de movilidad y hasta en el riesgo de caídas. Y en el plano cognitivo, la soledad persistente se ha vinculado con la pérdida de memoria y una mayor probabilidad de desarrollar demencia, sobre todo cuando se combina con poca estimulación social.

La espiral que conviene conocer

Quizá lo más útil que han descubierto los investigadores es que la soledad tiende a retroalimentarse. Quien se siente solo va reduciendo su participación social (da pereza, da apuro, «¿qué pinto yo allí?»); al participar menos, le cuesta más mantener o crear vínculos; y ese aislamiento agranda la soledad inicial. Es una espiral, y las espirales tienen algo bueno: se pueden interrumpir en cualquier punto. Cada paseo con alguien, cada llamada, cada actividad compartida es un palo en la rueda.

Señales y primer paso

Si notas que llevas semanas con desgana para todo, que has dejado de llamar y de coger el teléfono, que comes cualquier cosa de pie o que los días se te hacen larguísimos, cuéntalo con la misma naturalidad con la que contarías un dolor de espalda. Al médico de cabecera, para empezar, que cada vez está más atento a estas cosas. Y a alguien de confianza. Pedir compañía cuesta, lo sabemos; por eso el resto de artículos de esta página están dedicados a los caminos concretos para encontrarla.

Quédate con esto: la soledad no deseada se puede revertir, y actuar pronto es más fácil que actuar tarde. No es cuestión de fuerza de voluntad, sino de dar con la puerta adecuada. El bienestar emocional también es salud, y también se cuida.

Fuentes: Observatorio Social de la Fundación «la Caixa», «La soledad no deseada en las personas mayores» (Yanguas et al.); Consumer, a partir del Barómetro SoledadES (marzo de 2026); Revista Española de Salud Pública (2024).